HABLANDO SE ENTIENDE LA GENTE... y discutiendo terminamos enfrentados
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Todos hablamos más o menos, pero no siempre conseguimos comunicarnos. Y es que lo que decimos no es siempre tan evidente ni tan lógico como creemos. El arte de dialogar está en hacerle llegar con claridad nuestro mensaje al que nos escucha. El mal conversador sólo aspira a destacar sobre los demás, a escucharse a si mismo y a utilizar a los demás como auditorio, no los trata como semejantes.
En la conversación no sólo cuentan las palabras. Para hacernos entender, más de la mitad depende del lenguaje corporal (gestos, miradas tonos, movimientos de manos...) y cuenta además el timbre de voz.
La fuerza de las palabras aumenta cuando son justas y sin exageraciones, son corteses, y vienen acompañadas de refuerzos expresivos del tipo de “no me hagas mucho caso, pero creo que...”, “yo también opino a veces como tú ahora, pero...”
Eugenio D´Ors, un famoso pensador español, escribió un
decálogo del buen conversador:
1 Escucharás a todos 2 Honrarás la educación que has recibido 3 No desearás atropellar la palabra de tu prójimo 4 No te acalorarás 5 No equivocarás al otro 6 No pronunciarás palabras agresivas 7 No desearás tu monólogo frente al prójimo 8 Celebrarás la inteligencia de los demás 9 No dialogarás en vano 10 Vence en el diálogo, pero convence
Hay quien busca ganar la discusión sea como sea; y, si las razones no le valen, descalifica o insulta al otro, o recurre a argumentos del tipo: “es que si vamos a eso...” para sacar de quicio lo que se está hablando y provocar el absurdo. Hacer esto se conoce como la “táctica del calamar” el cual, si se ve amenazado, suelta tinta para nublar el ambiente y escapar.
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Hay quien busca ganar la discusión sea como sea; y, si las razones no le valen, descalifica o insulta
Escucharás a todos... celebrarás la inteligencia de los demás |
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Observar y poner en común______________________________
Durante un día, observar y tomar nota de los casos en que nuestros compañeros y nosotros hemos usado la “táctica del calamar”.
Lo mismo, de las veces que hemos usado fórmulas positivas como: “no me hagas mucho caso, pero creo que...”, “yo también he opinado a veces como tú ahora, pero...”
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