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RETOS Y FINES DE LA PASTORAL JUVENIL IGNACIANA (texto íntegro) |
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Plan de Acción Pastoral para ESO |
Plan de Acción Pastoral para Bach./Ciclos Forms. |
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Provincia de España de la Compañía de Jesús
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1.- Introducción: contexto actual
2.- Retos de la pastoral juvenil ignaciana
2.1.- Estructura básica de la pastoral ignaciana
· Maduración humana
·
EvangelizaciónVida de fe
2.2.- Modo de relacionarnos desde su propia realidad
2.3.- Coherencia en la línea pastoral
2.3.1.- Familias
2.3.2.- Equipos educativos. Pastoralistas y equipos de pastoral
3.- Finalidades de la pastoral ignaciana
3.1.- ¿Qué persona?
3.2.- ¿Qué Jesús?
3.3.- ¿Qué Iglesia?
3.4.- ¿Qué fe?
3.5.- ¿Qué moral?
3.6.- ¿Qué elementos de la espiritualidad ignaciana?
1.- Introducción
2.- Retos
3.- Finalidades
1.- Introducción
2.- Retos
3.- Finalidades
1.- Introducción
2.- Retos
3.- Finalidades
1.- Introducción
2.- Retos
3.- Finalidades
1.- Introducción
2.- Retos
3.- Finalidades
Sin pretender hacer un análisis de la realidad y de los jóvenes en sí mismos, sí nos parece importante señalar algunos aspectos presentes en esta sociedad secularizada. Los continuos y rápidos cambios que se están produciendo en ella inciden de manera notoria en los jóvenes a quienes pretendemos llegar con nuestra labor pastoral. Los cambios culturales que trae la llamada postmodernidad en nuestra sociedad y entre los jóvenes con quienes trabajamos suelen ser vividos como “desastre” por bastantes de nosotros/as. Lejos de añorar la “modernidad perdida” y sus grandes metarrelatos, invitaríamos desde aquí a acoger estas mutaciones culturales actuales no sólo como un signo de estos tiempos, sino también como oportunidades y retos ante los cuáles nuestra acción pastoral ha de aprender a responder, rescatando al menos tres claves positivas que esa misma postmodernidad trae consigo:
a)
El cambio cultural postmoderno pone en crisis el “cultivo de lo colectivo” propio de la modernidad (sentimientos del nosotros como identidad, de la pertenencia colectiva: de clase social, de movimiento colectivo movilizador, de Iglesia...) y reafirma, en contra, el “cultivo del yo”.Si bien este “cultivo del yo” postmoderno tiene claras posibilidades negativas (entre ellas la afirmación del individualismo, de la autosuficiencia y del encapsulamiento y subjetivismo existencial y religioso que, haciendo desaparecer las grandes mediaciones de la fe, la sitúa en función de los propios planteamientos y al servicio de las propias necesidades), nos plantea un “resorte” en clave positiva que nuestra acción evangelizadora ha de saber aprovechar: el nuevo escenario postmoderno reclama la necesidad de atender a la REALIZACIÓN PERSONAL en términos de cuidado del yo, de interiorización, de los aspectos más sentimentales y afectivos de la fe, de autorrealización no tanto como egoísmo sino como fuerza moral.
Frente al cultivo de la acción voluntarista (activismo), la reivindicación de la experiencia y lo concreto como “probación física de la realidad” (Zubiri), que nos permite conocer la realidad en profundidad sumergiendo nuestro ser en ella por encima de los planteamientos meramente teóricos de la religión, lo cual facilita una gran sensibilidad hacia la relación entre fe y vida y el diálogo fe – cultura. El lenguaje narrativo, entendido como aquel que nos habla de temas universales, de las grandes experiencias humanas, de los sentimientos colectivos, se sitúa en los niveles afectivos y ocupa el lugar que antes ocupaba el discurso.
b)
El cambio cultural postmoderno pone en crisis el “cultivo de lo político” propio de la modernidad (acción y pasión por la causa, llámese el ‘Reino’ o el ‘Paraíso socialista’, compromiso voluntarista, organización de la acción militante: política, eclesial, vecinal..., endiosamiento de la voluntad como despojo del deber) y reafirma en contra, el “cultivo de lo pre-político”, de lo cultural y lo experiencial, de lo pequeño frente a lo grande, de lo cotidiano frente a lo extraordinario, el valor del servicio y altruismo hacia los más débiles y marginados, manifestado en una gran sensibilidad hacia valores como la paz, la justicia, la solidaridad universal, y su adhesión a tareas de compromiso, voluntariado social y misionero[1].Si bien este “cultivo de lo pre-político” postmoderno tiene claras posibilidades negativas (entre ellas, el asistencialismo, el compromiso descafeinado y “acalla-conciencias”, un excesivo sentido de la mesura y la precaución), nos plantea un “resorte” en clave positiva que nuestra acción evangelizadora ha de saber aprovechar: el nuevo escenario postmoderno reclama la necesidad de atender a los ESPACIOS DE ENCUENTRO, de roce entre los jóvenes y con los otros, de las relaciones de “lazo corto” e inmediato, donde la realización personal del joven adquiere su plenitud en el encuentro con el otro (tratado y vivido como realmente otro) y donde el “yo debo” cede terreno al “yo quiero” y se es apreciada más la búsqueda que la certeza.
c)
El cambio cultural postmoderno pone en crisis el “cultivo de los nortes existenciales” propio de la modernidad (el sujeto moderno como ente autónomo con un fin claro al que aspirar y con un “lugar en el mundo” definido) y reafirma, en contra, el “cultivo de los ámbitos de pertenencia”.Si bien este “cultivo del sentido de pertenencia” postmoderno tiene claras posibilidades negativas (entre ellas la topopoligamia, la búsqueda acelerada de nichos afectivos, de grupos y comunidades “estufa”, casi sectarios, la fragmentación personal), nos plantea un “resorte” en clave positiva que nuestra acción evangelizadora ha de saber aprovechar: el nuevo escenario postmoderno reclama la necesidad de atender al TEJIDO DE REDES PRIMARIAS, más ligados a la cotidianidad, de pertenencias plurales (menos endogamia y menos dogmatismo, por tanto, de lo propio frente a los demás), de comunidades menos dogmáticas donde se da mucha importancia a la comunicación y al deseo de relaciones personales auténticas, lo cual incide en una buena disposición para la vivencia comunitaria de la fe.
A las llamadas que percibimos se nos hacen desde el contexto anterior, y tratando de conjugarlas con los deseos de nuestra pastoral, entendemos que ésta debe ser una tarea misionera. Una pastoral ex-céntrica que parte de la situación real de los jóvenes destinatarios, que escucha e intenta responder a sus preocupaciones, que suscita en ellos la pregunta religiosa desde la realidad de sus vidas y les proporciona experiencias reflexionadas que lleguen a convertirse en vivencia práctica de las distintas dimensiones de la fe cristiana (Paradigma Ignaciano). Y esto realizarlo desde la experiencia ignaciana y mediante el testimonio de los propios agentes de pastoral.
Entender la pastoral como tarea misionera nos plantea una serie de retos que van desde las estructuras básicas de la pastoral, hasta las metodologías, pasando por las personas que forman parte del terreno de la pastoral juvenil (jóvenes, familias, pastoralistas) y el modo de relación entre ellos.
2.1.- Estructura básica de la pastoral Ignaciana
Buscamos una pastoral que sea profundamente coherente, antropológicamente significativa y que haga una explicitación del conocimiento y experiencia de Dios, según la Espiritualidad Ignaciana. Significa profundizar, al mismo tiempo, en lo antropológico y en lo teológico, entendiendo la vida cristiana como respuesta a una llamada (vocación). De aquí que planteemos un esquema con tres aspectos, que deben trabajarse simultáneamente en cada una de las etapas evolutivas del joven:
Ø
Maduración humana: como el Evangelio crece en terreno humanizado, una de nuestras preocupaciones debe ser partir de los valores y actitudes que dimanan de los “derechos de todos los humanos” y que nos hacen iguales en dignidad. Hay que tener en cuenta las disposiciones humanas necesarias para hacer una lectura coherente de lo experiencial: interioridad, emotividad, sentimientos, intuición, entusiasmo, imaginación, sorpresa, apertura, relaciones, etc. (Ámbito de valores, actitudes y disposiciones).Ø
Evangelización: recoge el paso al ámbito de la trascendencia a través del anuncio del Evangelio y la fe en Jesús, teniendo en cuenta la cultura juvenil en la que ese anuncio es recibido. (Ámbito del anuncio, símbolos, fe).Ø
Vida de fe: acompaña, atiende y cuida el crecimiento en la fe de los destinatarios, tanto a nivel personal como grupal o comunitario. Una fe que es vivencia y opción personal y que implica entender la vida cristiana como vocación[2]. (Ámbito de los sacramentos, de la palabra, de la comunión... de la “experiencia” cristiana).2.2.- Modo de relacionarnos desde su propia realidad.
Este reto supondría:
-
Un acercamiento a la cultura juvenil, partiendo desde ellos y aprovechando sus valores positivos y conociendo las carencias que tienen, para entrar en contacto con ellos[3].-
Una reactualización del lenguaje, que trate de crear nuevos lenguajes, de forma que los haga creíbles, entendibles y cercanos, para posibilitar la comprensión de la fe[4].- La creación de nuevos espacios de socialización religiosa de los jóvenes. Nuevos espacios comunitarios (comunidades juveniles), donde los jóvenes puedan ser socializados por ellos mismos y que profundicen en lo experiencial[5].
2.3.- Coherencia en la línea pastoral.
Deseamos afrontar el reto de la coherencia interna de la Pastoral entre los ideales que formulamos, el proyecto educativo de nuestros centros y las formas, estilos, lenguajes que utilizamos. Para ello tendremos presente algunos aspectos, como son:
-
Acercarnos a la cultura juvenil, y cambiar nuestras formas y métodos para hacerlos atractivos, pero sin abandonar nuestros objetivos. Hemos de aprender a ser tolerantes (no indiferentes) y al mismo tiempo radicales para ser auténticos en el seguimiento de Jesús.-
Integración del aspecto social y antropológico con la interioridad, espiritualidad y sacramentalidad en la pastoral.-
Buscar una línea coherente en el proceso, de acuerdo con el proceso evolutivo de la fe, que recoja todas las etapas desde la infancia a la juventud.-
Hay tres características importantes que deben figurar, implícita o explícitamente, en la labor pastoral:o
Lo afectivo como canal principal a través del cual se asume la experiencia religiosa del niño/a y del joven.o
Lo grupal como lugar privilegiado donde se realizan las actividades, se viven las experiencias y se expresa la vida.o
La creatividad y la diversión como cualidades necesarias de toda labor.El trabajo pastoral es un trabajo de cooperación y equipo. Por ello, es importante tener en cuenta las dos instituciones principales de la educación: familia y equipos educativos.
2.3.1.- Familias.
La Familia es el lugar natural y ámbito privilegiado de la educación de la persona. Es en la familia donde los niños reciben por ósmosis los primeros valores y donde se les transmite por vez primera la fe. Pero somos conscientes que profundos cambios en la sociedad y en los modelos familiares hacen que la socialización religiosa en familia se halle en crisis.
Es imprescindible buscar el encuentro con las familias, desde su incorporación al Centro y a lo largo de toda la etapa de Primaria, especialmente a través de las actividades colegiales y celebraciones conjuntas. Un momento muy importante puede ser la primera comunión. Las misas de niños, que son misas familiares, donde ellos son los protagonistas, pueden ser muy significativas para los niños/as y para sus padres. También la participación en retiros, campañas, actividades recreativas y lúdicas (campamentos, teatros, deportes...) son otros espacios de encuentro y colaboración.
Cuando entran en la ESO, comienzan a aparecer los primeros rechazos a los padres, aunque todavía los alumnos/as son bastante dependientes de sus familias. El grupo de amigos/as empieza a ser referente. La presencia de los padres debe ser más puntual pero significativa. A partir del 2º ciclo de la ESO y Bachillerato ese deseo de independencia se acentúa, haciendo más necesaria la relación entre familias y educadores-pastoralistas. En esta etapa algunos educadores pueden estar más cercanos y ser más significativos que los padres, por eso la mutua información y colaboración entre ambos es decisiva. También es importante, además del diálogo, una línea de formación de los padres ante los cambios desconcertantes de sus hijos/as. Ambas, colaboración y formación, pueden potenciarse a través de las Escuelas de Padres, de las Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos, reuniones colegiales, fiestas y campañas de solidaridad, los equipos de matrimonios, colaboración en catequesis, etc.
2.3.2. Equipos educativos. Pastoralistas y equipos de pastoral.
1º.- La figura del Pastoralista, debería de ser una persona provocadora, que de testimonio de vida, que empuje, que pregunte, que sea clara y explícita, que sea creativa y cercana, que aporte su propia experiencia, que esté siempre presente. Para ello es necesaria la formación especializada y la formación permanente e interna, que ayude a clarificar nuestro modo de entender hoy qué es ser creyente, así como un conocimiento, valoración y aprecio de la realidad del joven de hoy.
2º.- La importancia del Equipo de Pastoral del centro, que trabaje cohesionado y coherentemente, con un respaldo más amplio que el del propio equipo, intentando involucrar al resto del profesorado que se va incorporando a los centros. El pastoralista trabaja en unión e implicación con el centro, integrado en su propia dinámica, en un trabajo compartido.
3º.- Todo profesor es partícipe de la educación global del joven. Si todo el centro es evangelizador el equipo de tutores, profesores, monitores y sobre todo el equipo directivo son también transmisores de valores cuando menos coherentes con nuestra fe.
4º.- El equipo directivo es el responsable último de la pastoral del centro, lo cual significa que garantiza y promueve la elaboración y puesta en práctica del proyecto pastoral del centro desde primaria hasta la incorporación a la universidad o al mundo laboral de los alumnos/as.
La primera y última finalidad de la pastoral debe formular nuestro máximo objetivo e ideal a perseguir, y que puede ser concretado en :
3.1.- ¿Qué persona?
La finalidad última que nos planteamos en nuestro trabajo diario es aquella que da respuesta a qué tipo de persona queremos formar en nuestros centros educativos. El Padre Kolvenbach se refirió a esto describiendo al alumno/a que esperamos salga de nuestros centros como una persona “equilibrada, intelectualmente competente, abierta al crecimiento, religiosa, compasiva y comprometida con la justicia en el servicio generoso al pueblo de Dios”. “Se pretende formar líderes en el servicio y en la imitación de Cristo Jesús, hombres y mujeres competentes, conscientes y comprometidos en la compasión”.
Pedagogía Ignaciana, nº 13
Dicho presupuesto nos sirve como referente diario y nos obliga a concretar aún más nuestro quehacer de forma que abarquemos los tres niveles de la estructura básica: maduración humana, evangelización y vida de fe basados en el ámbito de la experiencia.
Esta finalidad última puede quedar reflejada a modo de preguntas, como son: ¿Qué Jesús, Iglesia, Fe y Moral queremos transmitir?. La respuesta a estas preguntas no pretende expresar la totalidad de los fines que queremos abordar, sino más bien que reflejen las opciones por las que apostamos.
3.2.- ¿Qué Jesús?
Queremos que los alumnos y alumnas descubran y experimenten a Jesús humano, con una coherencia total respecto del proyecto divino para la humanidad, que se nos revela Amigo, Señor, Palabra, Transparencia, Uno con el Padre....
3.3.- ¿Qué Iglesia?
· Una Iglesia que es pueblo de Dios donde todos sus miembros viven en comunión; una Iglesia que como toda obra humana se ve condicionada por las personas que la constituyen y en la que se dan aciertos y errores.
· Una Iglesia que es la posibilidad del Reino aquí y ahora.
· Una Iglesia que es comunidad, un grupo humano acogedor y abierto a todos los corazones; que señala el camino, que perdona y ayuda antes de juzgar.
· Una Iglesia que se preocupa por las realidades más sufrientes y marginales y trata de comprometerse con ellas.
· Una Iglesia que acompaña y atiende a las familias.
· Una Iglesia que hace significativo lo sacramental y que utiliza un lenguaje actual.
Queremos que entiendan que la Iglesia también da respuesta a las necesidades de la juventud: creando comunidades juveniles, acompañando a grupos y fomentando la socialización religiosa entre iguales.
3.4.- ¿Qué fe?
Queremos transmitir una fe que es vivencia y es opción personal. Una actitud que engloba a toda la persona (intelectual, emocional, afectiva...)
Queremos educar en la construcción de la identidad personal y en la interiorización, dando importancia al acompañamiento personal de forma que aprendan a discernir sus propias experiencias a la luz de la fe.
3.5.- ¿Qué moral?
Queremos transmitir una moral que vaya formando y formándose en el interior de la persona. Una moral que les comprometa con los más necesitados. Para ello debemos proponer experiencias llenas de sentido, experiencias que fomenten el discernimiento crítico, que ejerciten la capacidad de elección frente a todas las situaciones de injusticia, aprovechando compromisos puntuales para hacerlos significativos.
Queremos transmitir una moral basada en el evangelio de Jesús, que eduque en: el amor, la justicia, la paz, el respeto, la dignidad humana, el servicio, la entrega, la gratitud, así como en la ecología, los derechos humanos, la tolerancia, la solidaridad, la libertad...
Queremos impulsar la audacia de amar y de ser amado en la experiencia cotidiana, y la gratuidad de la entrega en los detalles más pequeños.
La moral que pretendemos trasmitir debe de actualizar su lenguaje llenando de contenido significativo todas aquellas cuestiones a las que hacemos referencia.
3.6.- ¿Qué elementos de la espiritualidad ignaciana?
A través de la pastoral, queremos dar a conocer nuestra espiritualidad. Es obvio que el espejo en el que mirarnos lo constituyen los EE.EE. Queremos que el joven pueda llegar a hacerse las dos preguntas que, implícita y explícitamente, aparecen en los Ejercicios: Dios mío, ¿cómo estás en mi vida?; Señor, ¿qué más quieres de mí?
Remarcar lo integral de la pretensión de Ignacio, unir inteligencia y afectos: “desde que entendí quien era Dios para mí, supe que ya sólo podía vivir para él” (Charles de Foucault). En definitiva, ayudar al joven a verse como Dios le ve y a soñarse como Dios le sueña. Ayudarle a descubrir que la fuente de generosidad es el agradecimiento.
Nuestra espiritualidad tiene una “metodología”: práctica del discernimiento, búsqueda del “magis”, la indiferencia, la “pasiva ignaciana” (“ser puesto”, “ser conducido”, “ser recibido”, etc.), oración estructurada, oración sometida a examen, la vida toda releída y examinada diariamente a la luz de la voluntad de Dios, etc. (“más importante que lo que nos pasa, es qué hacemos con lo que nos pasa”).
Nuestra espiritualidad parte de la convicción de que somos antes amor recibido que amor devuelto, de que no podremos amar y servir a Dios, sin amar y servir a la creación. Toda la realidad se constituye en “Medio Divino”, en lugar donde “buscar y hallar a Dios” porque Dios habita toda realidad. La realidad toda nos habla de Dios y en todas las cosas Dios desea ser amado (“hombres y mujeres para los demás”).
Como en los EE. EE., nuestra pastoral ignaciana debería comenzar con una oferta de libertad de parte de Dios y finalizar con una respuesta que va de la creación a Dios. Entre ambas, la condición pasa por cuatro semanas de identificación con Cristo, por un recorrido pastoral que ayude al joven a identificarse con Cristo.
PASTORAL DE INFANCIA (1º-3º PRIMARIA)
1.- INTRODUCCIÓN
1.1.- Introducción general.
Esta etapa se corresponde con la llamada TERCERA INFANCIA. En estos primeros años, la dependencia afectiva de los padres es fundamental, y será en ellos donde el niño/a encuentra la experiencia de sentirse amado que le proporciona un sentimiento de confianza y seguridad, imprescindible para vivir feliz y desarrollar su identidad personal. Ellos son la referencia más importante de su vida. Y sin embargo, en esta etapa, comienzan a desarrollar algunos intereses propios, a partir de las experiencias que van viviendo: son intereses abstractos por el mundo exterior y los hechos que le rodean.
1.2.- Referentes: familia, adultos, otros.
En este sentido, la familia cristiana es catequista por vocación y su catequesis es “insustituible” y debe ser la que preceda, acompañe y enriquezca cualquier otra forma de catequesis. Su educación cristiana debe ser más testimonial que instructiva, más espontánea que sistemática, más permanente y cotidiana que estructurada en períodos. è La pastoral colegial en estas edades, se situará como compañera de la labor catequética de los padres y utilizando estos mismos aspectos: testimonial, espontánea, permanente y cotidiana.
Pero también constatamos que en muchas familias no existe apenas manifestaciones ni vivencia religiosa. è En este sentido, la pastoral colegial nunca podrá sustituir la labor de los padres en este terreno, ya que ni los lazos afectivos, ni las referencias que el niño/a pueda tener en el colegio llegan a alcanzar el nivel que tiene con sus padres. Así pues, debemos desarrollar la pastoral infantil trabajando con las familias. Sin olvidar que la acción educativa con los niños/as deberá ser más conscientemente testimonial, espontánea, permanente y cotidiana.
1.3.- Desarrollo evolutivo: afectividad, actitudes, capacidad de reflexión, etc.
Entendemos al niño/a como una persona que necesita querer y sentirse querido, que necesita sentir seguridades básicas de afecto y autoestima, que es activo y dinámico, que expresa su vitalidad con alegría, imaginación, fantasía y espontaneidad. è En este sentido, podemos decir que tanto estas necesidades como estos modos de expresión inciden muy directa y positivamente en la posibilidad de abrirse a la “experiencia religiosa”, y por tanto, la Pastoral Infantil deberá trabajar desde: la alegría, la imaginación, la fantasía y la espontaneidad. Es la etapa para iniciar el desarrollo de sus “capacidades” y “sentimientos” religiosos, y la de acompañar toda actividad con un gesto o símbolo que atraiga su atención.
1.4.- Dimensión grupal, social o comunitaria.
Aunque es fundamental el testimonio de los mayores, sobre todo de los padres y, aunque en menor medida, también de los profesores, no podemos olvidar la relación que comienza a tener en el colegio entre iguales. Esta realidad puede ser fuente de conflictos (choca con su egocentrismo) y también fuente de grandeza (experimentar la alegría de compartir, ser solidario, ayuda mutua...). Por tanto, este primer contacto con los otros, es también clave para ir configurando su personalidad haciéndose consciente de su entorno, de su problemática, de vivir con otros actitudes de respeto, de alegría, de generosidad... è Aquí la pastoral debería ayudarle a descubrir esa vida social, y a aprender a vivir en el respeto a los demás, la generosidad, el compañerismo y el trabajo en equipo.
1.5.- La religiosidad.
La religiosidad no brota en el niño/a espontáneamente, sino que está muy condicionada por el clima que se respira en el ambiente familiar, puesto que probablemente, no haya tenido más referencia religiosa que la que haya observado en las actitudes de sus padres. Sin embargo, en este momento, se amplía el círculo de lo religioso (a maestros y catequistas) enriqueciendo su lenguaje e intereses religiosos.
En la noción de Dios predomina el antropomorfismo, y su imagen depende de la que tenga de sus padres (ambiente familiar) y su actitud religiosa. Su oración empieza a ser más socializada, siendo capaz de pedir por los demás, y considera la eficacia de la misma, de manera “casi mágica”. La pastoral debería ayudarle a conocer a Dios, a dirigirse a Él con su propio lenguaje y a conocer lugares significativos (Capilla, Templo, Imaginario religioso, Grandes celebraciones, etc.)
2.- RETOS DE LA PASTORAL de PRIMARIA (1º a 3º)
2.
1.- Estructura básica.
Maduración humana:
Evangelización:
·
Vida de fe: Se trataría de llevar a cabo sencillas celebraciones y oraciones, que expresen sus ofrendas y agradecimientos, además de sus peticiones, a través de canciones y gestos. Al mismo tiempo, es importante que el niño/a relacione algunas celebraciones, donde puedan participar las familias, con momentos señalados del curso: el inicio del curso, la Navidad, el mes de Mayo, etc. También deberemos tener presente la preparación a la primera comunión.
2.2.- M
odo de relacionarnos desde su propia realidad.
Aspectos a tener en cuenta a la hora de relacionarnos desde su realidad, para llevar a cabo nuestra pastoral:
·
El juego es el elemento fundamental, puesto que es el lenguaje de su relación. A través de él, de la música, del movimiento, de los símbolos y gestos, transmitiremos los valores y actitudes que pretendemos en nuestra labor.·
Siempre tenemos que trabajar desde su ámbito cercano: sus papás, su casa, su cole y sus amigos. Esto es lo que entienden.·
Se guían por el instinto afectivo, por lo cual tenemos que llevar a cabo una pastoral de sentimientos, activa y que les llame la atención.·
Son muy sensibles a las atenciones de los adultos y buscan en ellos su apoyo afectivo.
3.- FINALIDADES DE LA PASTORAL de PRIMARIA (1º a 3º)
3.1.- ¿Qué Jesús?
Queremos transmitir un Jesús Amigo de todos, cercano, que fue niño/a como ellos y ellas, divertido, travieso, y a la vez grande, Único, fantástico. Un Jesús que nos habla y a quien le hablamos. Es decir, se trata de presentar un Jesús solidario, generoso y humano, con elementos familiares a los niños/as; un Jesús con un Padre especial, y una madre, María, que le quieren como a un hijo.
3.2.- ¿Qué Iglesia?
Queremos que se sientan en la Gran Familia de Jesús, donde se encuentra el grupo de amigos de Jesús, que se juntan en la clase, en el patio, en la calle, o en su Casa. Una casa acogedora, que está siempre abierta, y a donde nos invita a todos y a todas sin distinción, pues para él todos somos iguales. En la gran familia de Jesús todos nos ayudamos mutuamente. La Iglesia, esta iglesia, es lo que Jesús quiere para sus amigos.
Queremos que la iglesia sea su casa en la que nos juntamos para celebrar cosas alegres. Una casa a la que nos gusta ir, porque allí siempre nos sentimos a gusto, cómodos/as. Además es una casa en la que entendemos todo lo que vemos, lo que nos dicen, y lo que hacemos (utilización de lenguajes narrativo, experiencial y simbólico significativos). Un lugar familiar, y al mismo tiempo festivo-celebrativo, donde se encuentra también Dios Padre, y nos acercamos a Él.
Queremos transmitir una Iglesia acogedora, que trabaja en cohesión y colaboración con las parroquias (catequesis) y las familias.
3.3.- ¿Qué fe?
Queremos desarrollar una fe que se vive desde la transmisión del amor, la afectividad y el cariño; pues la fe, en este momento no es tanto “creer en” sino “vivir y experimentar” desde el cariño a los suyos, con Jesús y desde los valores que se transmiten.
Es una edad bonita para una “fe simbólica, imaginativa y alegre”, donde se cree sin condiciones y sin interpretaciones: los Reyes Magos, Noé, Adán y Eva, las parábolas de Jesús...
En esta edad el contacto con la naturaleza puede constituir una buena aproximación a un pre-sentimiento de Dios, de manera que al ir descubriendo lo bello y lo bueno que hay en ella, le suscite sentimientos de admiración, sorpresa y gratitud hacia su Creador.
3.4.- ¿Qué moral?
Queremos transmitir una moral basada en el compañerismo y la convivencia, que les comprometa a ser amigos, a compartir lo que tienen, a perdonar, a dar las gracias, a ayudar, a respetar a los demás y a reconocer los propios errores; basada en valores humanos positivos y no desde la negatividad. En esta línea, incluimos también el respeto por los regalos que Dios nos da en la naturaleza y por tanto, desarrollaremos el afán de cuidarla.
Dada la importancia que tienen en esta edad la imitación y el testimonio de los adultos y de sus iguales, es necesario que el niño/a sienta que también a él le perdonan, que le dan las gracias, que le ayudan, etc.
3.5.- ¿Qué elementos de la espiritualidad ignaciana?
Se trataría simplemente del primer contacto con lo ignaciano, a través, por supuesto de actividades lúdicas, como pintar y colorear dibujos o símbolos, juegos basados en algún personaje sj, narración de la vida de San Ignacio de Loyola y/o de algún otro jesuita significativo. Así mismo, es importante que el niño/a conozca personalmente algún jesuita, y que sea éste quien le acerque a algún elemento ignaciano.
PASTORAL DE INFANCIA (4º- 6º PRIMARIA)
1.- INTRODUCCIÓN
1.1.- Introducción general.
Nos encontramos ante la etapa que podemos denominar INFANCIA ADULTA, que tiene como característica propia la apertura a la vida de forma más consciente que en años anteriores. Su crecimiento y desarrollo personal en todas las dimensiones, les permite descubrir la propia vida y la del entorno (personas, acontecimientos, naturaleza) de forma más autónoma y objetiva, ya que es la etapa en la que se preguntan por todo: por ellos mismos, por las personas, por los acontecimientos sociales, por la naturaleza y el mundo. Es una etapa caracterizada por la actividad.
1.2.- Referentes: familia, adultos, otros.
Aunque la familia, sigue manteniendo un nivel de influencia importante, tratan de ser más autónomos y consideran que su influencia en ellos es menor, y a pesar de que siguen manteniendo una fuerte dependencia afectiva, muestran menos expresiones de cariño, ya que parecen más despegados por considerarse, precisamente, más autosuficientes e independientes. Sin embargo, siguen necesitando la referencia de los adultos y, en este sentido, descubren a otros adultos significativos: profesores, monitores, incluso religiosos y sacerdotes que están cerca de ellos. Por ello, les influye de manera muy positiva el testimonio cristiano de otras personas, ya que tienen capacidad para admirar e idealizar a adultos significativos por los valores y actitudes que viven. è Por ello, en ese ir descubriéndose y construyéndose a sí mismos, contribuye más la presentación y testimonios de modelos de identificación humana y cristiana, que los mensajes teóricos, difíciles de asumir a esta edad. En este sentido, es interesante presentar modelos de santos y sus experiencias concretas.
1.3.- Desarrollo evolutivo: afectividad, actitudes, capacidad de reflexión, etc...
Este momento se caracteriza por la acción y el movimiento, así como por la curiosidad y el deseo de experimentar cosas nuevas, de aprender y de comprobarlo todo. En estas edades son sinceros, naturales, espontáneos y muy participativos, lo cual significa que están muy dispuestos para hacer cosas y aprender. è En este sentido, se partirá siempre de la experiencia del niño/a y se procurará profundizar en esa experiencia en la medida de lo posible, llevando a cabo actividades dinámicas y simbólicas, que deben ser “expresivas” de su fe.
Es una etapa en la que son exigentes consigo mismos y con los demás, pero también van aprendiendo a ser más comprensivos. è Dada su estabilidad psicológica, es la etapa más favorable para la adquisición de costumbres y hábitos relacionados con lo religioso, con el respeto y la defensa de la naturaleza, con el sentido de la gratuidad, de la generosidad y de la solidaridad.
1.4.- Dimensión grupal, social o comunitaria.
En esta aventura del propio descubrimiento, es importante la primera socialización que realizan, al margen de la familia, en el grupo de iguales. Estos grupos, aunque todavía son poco estables, se caracterizan por el compañerismo (el sentido de la amistad no está aún bien configurado), y son cauce de seguridad y autoafirmación, donde se da un paso del “yo” al “nosotros”. è Al mismo tiempo, les ayuda a potenciar valores como la colaboración, el servicio, la responsabilidad, el trabajo en grupo, la honradez, la capacidad de perdón, aunque también aparecen sentimientos contrarios de rivalidad y competitividad.
1.5.- La religiosidad.
En cuanto a su religiosidad, se nota una disminución progresiva del antropomorfismo atribuido a Dios, lo animista y el sentido mágico de lo religioso. Al disminuir su exuberancia imaginativa, y valorar el mundo de lo real, se da con ello un cierto escepticismo religioso, dejando de creer en los Reyes Magos y rechazando lo “maravilloso” de la religión. Todavía consideran a Dios como alguien que está en función y al servicio de su egocentrismo, y sin embargo, se hace más íntimo y espiritual. También es la época de aplicar atributos a Dios (grandeza, omnipotencia, bondad, justicia, belleza, amor, etc.). Además, tienen conciencia de comunicarse con Dios a través de una oración motivada, fundamentalmente, por la solución de sus problemas, aunque también empiezan a aparecer signos altruistas en sus oraciones. è La pastoral tiene el reto de enseñar a rezar, a reconocer a Dios en los demás y en las cosas, dado que a partir de ahora, al niño/a de esta edad le costará trabajo hacerlo.
Son solidarios y colaboran activamente ante necesidades concretas, pero siempre en el marco de hacer cosas más que como compromiso de la propia fe.
è Sin embargo, aunque sea una visión imperfecta, posibilita las primeras experiencias pre-religiosas, por lo cual la pastoral debe aceptarlo y tratar de reorientarlo. Además, dado que su afán estético les hace gustar de la liturgia, se cuidará especialmente lo celebrativo a través de gestos, símbolos, acción y música.
2.- RETOS DE LA PASTORAL de PRIMARIA (4º a 6º)
2.1.- Estructura básica.
·
Maduración humana: En este punto, es importante ayudarles a experimentar la alegría de crecer: de descubrir y querer su propio desarrollo a todos los niveles. Es importante orientar positivamente su curiosidad de conocer y saber para el bien de sí mismos y de los otros. Ayudarles a descubrir el mundo que les rodea: la belleza de la naturaleza, la bondad de las personas, los acontecimientos, la esperanza. En definitiva se trataría de iniciarles en la lectura de la vida, la historia y la naturaleza, desarrollando actitudes de admiración, de agradecimiento y de respeto hacia la vida propia, la de los otros y del entorno, de manera que esa experiencia les pueda abrir a la experiencia del Dios que se hace presente en esa realidad que se va descubriendo. Así mismo, en la línea de la etapa anterior, continuaríamos trabajando valores como el compañerismo, la solidaridad, la generosidad, la autoestima y la pertenencia a un grupo, con lo que esto supone en la colaboración, responsabilidad, etc.
Evangelización:
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Vida de fe: Trataríamos de educarles en un tipo de oración más espontánea desde su realidad concreta y sus intenciones particulares y concretas, para no caer en la recitación mecánica. Que puedan dirigirse a un Dios Padre cercano, para ir superando poco a poco la relación con un Dios que está en función y al servicio de su egocentrismo y que, por tanto, supone una oración para solucionar sus problemas. Pasar a una oración de agradecimiento por su vida, por sus personas cercanas y que tenga signos de oración altruista. Ayudarles a celebrar todo lo bueno que tiene la vida, las cosas nuevas que se van descubriendo. Tratar de relacionar esto con las celebraciones cristianas en grupo con gestos sencillos y vivenciales, haciéndoles accesibles los símbolos cristianos para que partan de realidades concretas que ellos entienden. Es importante estimular e iniciarles poco a poco y a su nivel, en la vida sacramental.En definitiva, trataríamos de ayudarles a elaborar una primera síntesis del mensaje cristiano, proporcionándoles experiencias religiosas de interiorización y reflexión sobre todo aquello que van viviendo.
2.2.- Modo de relacionarnos desde su propia realidad.
En este caso, los aspectos a tener en cuenta para llevar a cabo nuestra pastoral, van a progresar en la línea de la etapa anterior, reconociendo aún facetas de la infancia:
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Dado que su afectividad la expresan, fundamentalmente, a través de la acción y el movimiento, habrá que tenerlo en cuenta a la hora de proponer las distintas actividades de pastoral, para que sean expresivas de su fe.·
El lenguaje narrativo es accesible para ellos y, en ese sentido, podemos utilizarlo para presentarles el mensaje de Jesús hecho vida en personas y acontecimientos concretos. Puede ser interesante utilizar biografías de personas y de acontecimientos religiosos.·
Aunque en esta etapa tratan de distanciarse de sus padres, los adultos siguen siendo una referencia importante para ir descubriéndose a sí mismos. Comienza a ser evidente la coherencia y el testimonio cristiano de personas cercanas, lo cual nos indica que ese es uno de los cauces importantes en la relación a mantener con ellos.·
El adulto debería crear un clima de confianza, y captar su admiración. Así mismo, puede servirse de la eficacia del grupo para crear costumbres y hábitos, valorando las relaciones positivas que se establecen en sus grupos de iguales: respeto, ayuda...Además, los intereses propios del niño/a y sus experiencias, son el fundamento para proponerles principios concretos que iluminen sus actitudes.·
Es un momento apropiado para hacer una primera síntesis del mensaje cristiano. Para ayudarles en este punto tendremos que utilizar un lenguaje significativo para sus vidas, expresado en palabras sencillas y en gestos significativos.·
Acompañamiento personal: posibilitar ya a esta edad el diálogo personal con el pastoralista para hablar de aspectos de su vida: familia, estudio, cómo se siente en el tema religioso, evaluación de compromisos sencillos...
3.- FINALIDADES DE LA PASTORAL de PRIMARIA (4º a 6º)
3.1.- ¿Qué Jesús?
Es importante seguir presentando la figura de Jesús como un amigo cercano, que también fue descubriendo la vida como ellos. Que preguntaba muchas cosas sobre sí mismo, sobre los demás, sobre los mayores, sobre la realidad..., sobre Dios. Que al igual que ellos era alegre, se divertía, jugaba, se entristecía cuando tenía algún problema,... que también rezaba. Que se dio cuenta de que había personas que lo pasaban mal y que él podía ayudarles, ser generoso con ellas... y ya de mayor dedicó su vida a eso: a hacer el bien a los demás
. Y también de un Jesús que llama, que nos dice que nosotros también hagamos el bien a los demás.Asimismo, presentaremos a Jesús como Hijo de Dios, su actitud ante Él, cómo se dirige a Él y cómo se siente acompañado por Él. Se trata de ofrecer la imagen de Dios como Padre, Padre de Jesús y Padre nuestro, que nos quiere y nos acompaña, y que quiere que seamos felices; que está presente en la vida y en el mundo y en la naturaleza.
Por último, también tenemos que hacer más significativa la figura de María como madre de Jesús y madre nuestra.
3.2.- ¿Qué Iglesia?
En este momento en que el grupo de iguales es fundamental para ellos, la Iglesia se les presenta como el grupo de amigos de Jesús que se reúne para celebrar juntos todo lo que va pasando en la vida y que es un grupo que quiere, como Jesús, hacer el bien a los demás. El hecho de profundizar en el sentido de grupo adquiere especial relieve: la importancia de la relación con los demás para el propio desarrollo por lo que supone de intercambio de aportaciones (recibimos y damos), porque en el grupo aprendemos modos y actitudes que tienen que ver con la fe. En este sentido hay que trabajar para que se sientan pertenecientes a un grupo que se llama Iglesia.
En este momento, habría que hacer un esfuerzo, para que puedan ver y sentir la Iglesia como un lugar donde celebrar la vida y la fe, pero desde nuevos lenguajes significativos y narrativos. Se trata de que sea una Iglesia acogedora, abierta, testimonial, vivencial y amistosa.
3.3.- ¿Qué fe?
Transmitir una fe que no es algo ajeno a su propia realidad de crecimiento y desarrollo, que forma parte de la vida de cada día, una fe que no consiste en conocer, sino en vivir y sentir. Y que se vive no en solitario, sino junto a otros a los que quiero. Una fe que se manifiesta de muchas maneras: cuando queremos a los demás, cuando nos ayudamos unos a otros, cuando celebramos algo juntos, cuando valoramos nuestra vida y la de los demás, cuando no nos olvidamos de los que más necesitan, cuando queremos que haya paz en el mundo, cuando nos perdonamos, cuando rezamos solos o con otros..., cuando nos fijamos en Jesús y escuchamos lo que nos dice y lo que quiere que hagamos.
La fe tiene que ver con la relación y la confianza en Dios. Una fe basada en el testimonio de Jesús y de otras personas, cuyos modelos sean significativos. Una fe que celebra y se acerca al Padre en la Eucaristía y en el perdón (sacramentos y oración).
3.4.- ¿Qué moral?
La formación de la conciencia moral, es una de las tareas más importantes de esta etapa. Ellos van aprendiendo a elaborar su propio juicio moral, por ello, es importante iniciarles en la valoración autónoma del bien y del mal desde la relación con Dios y con los demás. Hacer descubrir que Dios nos ha hecho libres, presentando el aspecto positivo de decir sí a Dios. Por tanto, formar cristianamente la conciencia es invitar al seguimiento de Jesús como modelo y amigo. En este sentido, es importante reconocer la conciencia que van teniendo de su libertad individual con sus derechos (lo cual saben muy bien), ayudándoles a crecer en la responsabilidad hacia las propias obligaciones en la familia, en el colegio, en su grupo de amigos.
Potenciar valores que les vienen dados por el hecho de estar con otros como la colaboración, el servicio, el compañerismo, el respeto, el trabajo en grupo, la capacidad de perdón, la verdad, la tolerancia, la justicia, la paz. Y por otra parte, ayudarles a descubrir las necesidades del propio ambiente desde el mensaje de Jesús, de manera que les anime a ejercitarse en pequeñas tareas de solidaridad, de servicio y generosidad con los otros.
3.5.- ¿Qué elementos de la espiritualidad ignaciana?
Se trataría de reforzar y repetir lo realizado en la etapa anterior, especialmente insistiendo en presentar la figura de San Ignacio de Loyola. Mostrar que los jesuitas son también compañeros de Jesús, que les ha llamado para hacer el bien a los demás. A través de testimonios, historias o narraciones, se les puede hacer ver y relacionar el estilo de vida de los jesuitas, su organización en comunidades, sus colegios y su universalidad.
PASTORAL JUVENIL, CICLO 1º ESO
1.- INTRODUCCIÓN
1.1.- Introducción general.
Hay que tener en cuenta en esta etapa, que existen ya diferencias notables entre los dos cursos que componen el primer ciclo de la ESO. El primer curso de Secundaria es el del gran cambio para los alumnos/as: cambios en todos los órdenes, cambios exigidos no sólo por su propia naturaleza, sino también por la estructura colegial y sus implicaciones; cambios que se producen de una manera casi instantánea por lo que puede resultar dificultoso y chocante para muchos alumnos.
Los alumnos/as que comienzan el segundo curso de secundaria son los mismos del año pasado, pero apenas se les reconoce: su forma de vestir, de caminar, de mirar, de relacionarse, de hablar,... ha cambiado por completo y, por tanto, exigen un trato distinto por parte de los adultos.
Así pues, todos estos elementos contribuyen decisivamente a conformar en los jóvenes un torbellino de ideas, sentimientos, experiencias, deseos, inquietudes que a cualquiera le resultaría difícil de encajar. La falta de criterios que ayuden a asumir toda esa saturación de vida lo hacen aún más complicado. En medio de este desorden carecen de espacios para expresarse, para verbalizar todo lo que piensan, sienten y viven.